miércoles, 15 de octubre de 2014

Conductas adictivas

...Todos tenemos algunas!


Escribe Dr. Jorge González
Médico Clínico
Director de la Escuela de Recuperación y Prevención de Adicciones 
de Libertador San Martín

"Abrí el paquete de papas fritas y hasta que no lo dejé vacío ¡no pude parar de comer!.."
Relatos como este lo podrían enunciar casi todas las personas. Es que tenemos conductas adictivas que, por no parecer trascendentes, las soportamos y dejamos que convivan con nosotros.

Ser adicto es una condición que muchos padecen y que unos pocos reconocen.  Muchos menos piden ayuda y quieren o tratan de vencerla.
Ser adicto significa ser prisionero de un elemento que compulsivamente queremos consumir y en cuya dependencia no podemos controlarnos sino que él controla nuestra razón.
Es muy larga la lista de los elementos que pueden producir adicción, y con simple propósito enumerativo mencionaremos al alcohol, el tabaco, las drogas (narcóticos o estupefacientes) y lo hacemos en primer lugar puesto que constituyen el paradigma de lo que crea dependencia.  Pero hay muchas otras cosas que son igualmente adictivas:  la comida, la cafeína, los medicamentos, el sexo, el trabajo, la actividad física, el azúcar, la sal, los dulces, los chismes....
A esta lista (ciertamente interminable!) se le  han incorporado últimamente las llamadas "tecnoadicciones" entre las que encontramos:  la televisión, el teléfono celular, la computadora, las tables y todos sus subproductos:  chatear, jugar, navegar en la web, shopping virtual, etc.  Las tecnoadicciones consumen la atención, el tiempo y la dedicación del adicto.

Un elemento que forma parte de la vida del adicto es la mentira.  Miente para ocultar, para disimular y justificar, para no verse privado del elemento que consume.  Sucede muchas veces que la mentira pasa a ser el elemento adictivo, incontrolable;  entonces la adicción a mentir compulsivamente (mitomanía) pasa a ser también un elemento más de la lista.

Las adicciones no discriminan, asientan sobre cualquier tipo de personalidad, de género y de edad.  
Además, quien vive con un adicto, en su afán de acompañarlo, ayudarlo o reprenderlo, se transforma en un "coadicto" que también requerirá ayuda en los tratamientos.

Las adicciones se desarrollan siempre en un determinado contexto y difícilmente se podrán solucionar terapéuticamente en el mismo contexto.
Cualquier adicción hace daño a la salud tanto del adicto como de su entorno.  Los daña en lo físico, en su comportamiento, en lo familiar, en lo social, en lo laboral y también en su vida espiritual.
Las salidas de la dependencia tienen caminos con puertas que se deberán trasponer:  reconocer la dificultad, decidir salir, comprometerse, pedir ayuda y aceptar la ayuda.  Pero sobre todo requerirá cambiar el estilo de vida y adoptar una saludable forma de vivir:  física, mental y espiritualmente.
El adicto se recupera, pero no se cura.  El peligro de la recaída permanece siempre, por lo tanto deberá estar siempre "en guardia" y lejos del elemento que consumía.
¿Saben cuál es la compañía más segura para recorrer el camino de la recuperación?  DIOS.