Escribe Dr. Jorge González
Médico Clínico
Director de la Escuela de Recuperación y Prevención de Adicciones
de Libertador San Martín
Relatos como este lo podrían enunciar casi todas las personas. Es que tenemos conductas adictivas que, por no parecer trascendentes, las soportamos y dejamos que convivan con nosotros.
Ser adicto es una condición que muchos padecen y que unos pocos reconocen. Muchos menos piden ayuda y quieren o tratan de vencerla.
Ser adicto significa ser prisionero de un elemento que compulsivamente queremos consumir y en cuya dependencia no podemos controlarnos sino que él controla nuestra razón.
Es muy larga la lista de los elementos que pueden producir adicción, y con simple propósito enumerativo mencionaremos al alcohol, el tabaco, las drogas (narcóticos o estupefacientes) y lo hacemos en primer lugar puesto que constituyen el paradigma de lo que crea dependencia. Pero hay muchas otras cosas que son igualmente adictivas: la comida, la cafeína, los medicamentos, el sexo, el trabajo, la actividad física, el azúcar, la sal, los dulces, los chismes....
A esta lista (ciertamente interminable!) se le han incorporado últimamente las llamadas "tecnoadicciones" entre las que encontramos: la televisión, el teléfono celular, la computadora, las tables y todos sus subproductos: chatear, jugar, navegar en la web, shopping virtual, etc. Las tecnoadicciones consumen la atención, el tiempo y la dedicación del adicto.
Un elemento que forma parte de la vida del adicto es la mentira. Miente para ocultar, para disimular y justificar, para no verse privado del elemento que consume. Sucede muchas veces que la mentira pasa a ser el elemento adictivo, incontrolable; entonces la adicción a mentir compulsivamente (mitomanía) pasa a ser también un elemento más de la lista.
Las adicciones no discriminan, asientan sobre cualquier tipo de personalidad, de género y de edad.
Además, quien vive con un adicto, en su afán de acompañarlo, ayudarlo o reprenderlo, se transforma en un "coadicto" que también requerirá ayuda en los tratamientos.
Las adicciones se desarrollan siempre en un determinado contexto y difícilmente se podrán solucionar terapéuticamente en el mismo contexto.
Cualquier adicción hace daño a la salud tanto del adicto como de su entorno. Los daña en lo físico, en su comportamiento, en lo familiar, en lo social, en lo laboral y también en su vida espiritual.
Las salidas de la dependencia tienen caminos con puertas que se deberán trasponer: reconocer la dificultad, decidir salir, comprometerse, pedir ayuda y aceptar la ayuda. Pero sobre todo requerirá cambiar el estilo de vida y adoptar una saludable forma de vivir: física, mental y espiritualmente.
El adicto se recupera, pero no se cura. El peligro de la recaída permanece siempre, por lo tanto deberá estar siempre "en guardia" y lejos del elemento que consumía.
¿Saben cuál es la compañía más segura para recorrer el camino de la recuperación? DIOS.

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