Hemofilia: ¿Cuánto conocemos sobre esta patología?
Conozcamos los
detalles y características:
La Hemofilia es una
enfermedad que afecta a la coagulación de la sangre a causa de un defecto en
alguno de los factores que se necesitan para que la sangre coagule. Así la
Hemofilia “A” se produce porque no es del todo funcional el factor VIII, la
Hemofilia “B” cuando no lo es el factor IX,
y Hemofilia “C” cuando hay déficit del
factor XI de coagulación. Este mal funcionamiento puede darse porque no
hay nada de factor o bien porque el que hay no funciona adecuadamente.
La frecuencia de esta
enfermedad es baja por lo que a la Hemofilia se la ubica dentro del grupo de
“Enfermedades Raras o Poco Frecuentes” ya que, por ejemplo, la Hemofilia “A” se
produce en 1 de cada 6.000 recién nacidos vivos y la Hemofilia “B” en 1 de cada
30.000.
Existen dos tipos
principales de Hemofilia (A y B) que se caracterizan por presentar
manifestaciones de episodios hemorrágicos y daño articular.
Dentro del grupo de
personas que padecen esta enfermedad, hay quienes tienen algo de
factor de
coagulación, y otras nada. Esto dicho de otra forma es que la Hemofilia se
puede presentar en distintos fenotipos en función de su gravedad. Así hay
pacientes que presentan un fenotipo leve (enfermos leves) entre un 5 y un 40%
de factor si se compara con una persona sana; otros presentan un fenotipo
moderado (enfermos moderados) ya que sus niveles de factor están entre el 1 y
el 5% del normal y, por último, están los pacientes graves que presentan menos
del 1% del nivel normal o incluso nada (0 %) de factor de coagulación.
¿Cómo
se contrae la enfermedad?
La Hemofilia es una
enfermedad que no se adquiere o se contrae como la gripe o cualquier otra
infección o enfermedad por un accidente traumático; se trata de una enfermedad
que se hereda, se transmite de padres a hijos y sucesivas generaciones. Es, por
tanto, una enfermedad hereditaria cuyo defecto se encuentra en el cromosoma X,
es decir, el cromosoma que se relaciona con el sexo por lo que es una
enfermedad hereditaria pero además ligada al sexo. A la Hemofilia la transmiten
las mujeres (portadoras) y la padecen los hombres debido a la dotación de dos
cromosomas X (XX) de la mujer y una dotación XY en el hombre. La transmisión de
la Hemofilia se dice que es recesiva y no dominante ya que puede que no aparezca
en una generación siguiente (salto de generación) por la simple razón de que se
den portadoras sanas o varones sanos, y sí aparezca en otra generación
posterior.
La causa de que un
factor de coagulación no funcione es que el organismo lo sintetice defectuoso y,
como se trata de una enfermedad hereditaria, esto significa que el defecto se
encuentra en una región del ADN (gen) que da lugar a una proteína que es el
factor. Esto daría lugar a que en algunos casos los cambios fueran muy pequeños
pero que en otros fueran muy grandes, explicándose así las diferencias en la
funcionalidad, de leve a grave, de los factores en los distintos pacientes.
Síntomas:
La Hemofilia, en
general, ya sea del tipo A o del tipo B, se caracteriza por manifestaciones
hemorrágicas espontáneas o bien por un sangrado excesivo cuando se produce
algún tipo de traumatismo. Así, se deben distinguir las hemorragias
articulares, las musculares y las de otra índole que, en ocasiones, pueden ser
graves.
En una persona que no
padece Hemofilia, el mecanismo de la coagulación detiene la hemorragia
rápidamente pero en personas con Hemofilia la hemorragia continua.
En la actualidad el paciente con Hemofilia no muere de una hemorragia (por más grave que pueda resultar) si es tratado adecuadamente. El tratamiento implica la administración por vía intravenosa del factor deficiente VIII o IX a la dosis adecuada en función de la edad y grado de severidad del episodio hemorrágico. Los concentrados utilizados de factores pueden ser plasmáticos o recombinantes, ambos sometidos a procesos de inactivación viral. A pesar de que este tratamiento es el adecuado algunos pacientes producen una respuesta inmune contra el factor exógeno administrado, respuesta que será tanto mayor cuanto mayor sea la porción de factor defectuosa. Estos pacientes que desarrollan de esta manera los llamados “inhibidores”, se tratan con concentrados de mezclas de factores de la coagulación o con Factor VII activado.
Una enorme ventaja
actualmente en el tratamiento de la Hemofilia es que se puede realizar en el propio domicilio del paciente mediante
protocolos de autotratamiento, adiestrado en forma adecuada por profesionales
sanitarios para que, así, logren la mayor autonomía personal posible.
Diagnóstico pre-natal
y post-natal:
La Hemofilia se puede
diagnosticar mediante un estudio pre-natal mediante el análisis de líquido
amniótico por punción (amnio-centesis); de forma post-natal valorando la
mutación o los niveles de factor coagulante y, más recientemente, mediante el
diagnóstico genético preimplantacional, que se lleva a cabo en embriones
analizando la mutación en una sola de sus células y seleccionando el embrión
sano para después implantarlo en el útero materno.
En resumen, sin
obviar los riesgos que conlleva siempre un defecto en la coagulación sanguínea,
si el tratamiento es el adecuado en cuanto a seguridad y eficacia y, en
especial, si éste es profiláctico, se puede asegurar una muy buena calidad de
vida para los pacientes hemofílicos.

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